Las Comunidades Energéticas han venido para quedarse y ya hemos apuntado el papel que está jugando nuestra cooperativa con los proyectos que se acercan a nosotros en búsqueda de apoyo y acompañamiento; con ello estamos colaborando en la extensión de un modelo energético, descentralizado y en manos de las personas en pueblos de nuestro entorno.

Pero hay muchas personas, la mayoría de nuestros socios y socias de hecho, que viven en ciudades, y que tienen dificultades para poder acceder a una instalación de autoconsumo porque no tienen acceso a una cubierta útil. También hay personas que, viviendo en unifamiliar, prefieren compartir el proyecto de autoconsumo con sus vecinos y vecinas, por tejer vínculos comunitarios alrededor de la energía, por no querer obrar en sus tejados o, sencillamente, por el ahorro económico que supone.

Desde la cooperativa estamos trabajando con algunas asociaciones vecinales, de Valladolid por el momento, para dar forma a proyectos de autoconsumo colectivo que den respuesta a estas necesidades. Llevamos varios meses de presentaciones, charlas, reuniones junto con vecinos y vecinas de los barrios de  San Pedro Regalado y Girón, que nos están ayudando a perfilar el modelo de comunidad energética que puede promover la cooperativa. En esta noticia te contamos qué forma va teniendo el asunto, a ver qué te parece. ¡Estamos deseando conocer tu opinión!

Se trataría de proyectos de unos a 100 kW de potencia la máxima que permite el autoconsumo con compensación de excedentes en España, para maximizar el potencial de instalación y reducir los costes. Servirían para abastecer a puntos de consumo de 500 metros a su redonda, lo que significaría poder cubrir buena parte de las necesidades eléctricas de un centenar de hogares por cada instalación.

Tal y como está configurado el autoconsumo en España, los consumidores asociados no tienen que estar físicamente conectados a la instalación porque la electricidad renovable se reparte virtualmente entre  sus usuarios a través de la red de distribución que ya existe, mediante la lectura de los contadores y tras un acuerdo entre productor y consumidores.

Para instalaciones de estas dimensiones es necesario contar con cubiertas amplias de 300 o 500 m2, lo que supone llegar a acuerdos con sus dueños que, como se puede suponer por sus dimensiones, suelen ser edificios públicos: un ayuntamiento que cede el uso de la cubierta a cambio de un canon, una iglesia que presta su cubierta a cambio de electricidad para sus usos o una comunidad de vecinos con quien se acuerda el aprovechamiento de la cubierta a cambio de abastecer sus servicios comunes: hay muchos ejemplos similares en nuestro entorno que demuestran que son propuestas tan viables como interesantes.

Con el modelo en el que estamos trabajando, la cooperativa sería la propietaria y promotora de esas instalaciones, con lo que ampliamos nuestra capacidad de generación renovable, y damos respuesta a uno de nuestros objetivos fundacionales: el de aumentar la producción eléctrica renovable y en manos de la cooperativa. Para financiarla, podríamos usar la misma fórmula que para comprar nuestra central de Valteína: aportaciones voluntarias al capital social de socios y socias que dejan su dinero a la cooperativa para generación renovable en vez de tenerlo aburrido en el banco y a cambio de una remuneración que se revisa anualmente.

Con esta instalación en funcionamiento, la cooperativa ofrecería a los socios de su entorno la posibilidad de aprovechar la electricidad renovable que genera y lograr además un ahorro de hasta al 70% en el término de energía de la factura. A cambio, esas personas socias, sin tener que hacer frente a ninguna inversión previa, abonarían una cuota anual por el aprovechamiento de esta instalación, que podría rondar los 200 euros anuales, para conseguir un ahorro (muy aproximado) de unos 450 euros al año (entre otras cosas, el ahorro dependerá de la medida en que los usuarios puedan adaptar su consumo a la producción). Este modelo permite que los usuarios de esta electricidad renovable y cooperativa no necesiten hacer desembolsos fuertes para invertir en renovables, ni tengan que preocuparse en hacer obras en sus tejados o en pensar qué pasaría el día que decidieran cambiar de vivienda con la inversión que hubieran hecho.

Pero ¿cómo hacer que estas instalaciones funcionen como verdaderas comunidades energéticas autónomas? Una posiblidad es crear una Sección Cooperativa, de forma que las y los socios que aprovechan esta instalación se organizan en una especie de minicooperativa bajo el paraguas de Energética Coop, y que sean ellos y ellas quienes tengan la capacidad de gestionar la instalación y decidir, por ejemplo, qué otros proyectos energéticos puede acometer la comunidad, cómo ampliarla si hay más personas interesadas, cómo reajustar los repartos entre participantes, qué mecanismos de solidaridad activar, etc.

Hasta aquí la idea que está rondando por la cooperativa: hay que empezar a ver si cristaliza. Para ello es importante conocer la opinión de los propietarios de esta empresa y saber: ¿qué te parece? ¿Crees que puede ser buena idea? ¿Qué cambiarías o cómo la mejorarías? ¡Cuéntanoslo cuanto antes!

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